Es imposible bañarse dos veces en el mismo río.
Los sabios antiguos eran conscientes se eso, incluso cuando vivían bajo el glorioso amparo de la Tradición. Ellos sabían que el ocaso era inevitable y que no existe nada eterno bajo el Sol. Esta idea es el origen de las enseñanzas tradicionales y de la escatología pagana que sostienen el gradual eclipse del Bien y la desaparición de lo Sagrado; estas enseñanzas nos hablan de que el hombre, la sociedad y el universo están condenados a una inexorable destrucción y muerte hasta que en algún momento todas las cosas terminen por disolverse completamente en el Caos eterno.
Es por eso que consideramos ignorantes y estúpidas las ideas sostenidas por los modernistas, quienes dicen que “el socialismo del pasado era falso, pero ahora crearemos uno verdadero”, o de los arqueo-futuristas que nos hablan “de que el progreso que ha existido hasta ahora es falso, pero ahora crearemos un progreso tradicionalista”, y así sucesivamente.
Creemos que la historia le ha dado una oportunidad a todas estas ideologías y que ahora ella está tomando un rumbo diferente.
La Tradición en sí no cree en el progreso, ya que ella no concibe el tiempo como un proceso ascendente que va de lo primitivo-negativo a lo desarrollado-positivo, sino que más bien el tiempo es cíclico y que tiene etapas de crecimiento y decadencia, muerte y renacimiento. Además, la Tradición considera que el tiempo es un movimiento hacia la muerte, hacia la decadencia, hacia el fin mismo de su esencia, mientras que la visión progresista del tiempo considera que “apenas el hombre está evolucionando y por fin se ha liberado de todos esos cuentos infantiles como lo son la religión” (la ciencia incluso promete abolir la muerte).
Por lo tanto, la cosmovisión tradicional mitológico-poética es totalmente incompatible con la idea científico progresista del mundo. Los tradicionalistas son conscientes de estas diferencias y admiten abiertamente esta incompatibilidad, mientras que los arqueo-futuristas y los paganos ignorantes intentan mezclar ambas visiones creyendo que podrán sintetizar dos realidades disimiles. Los tradicionalistas perciben con claridad la alienación que existe en el mundo de hoy e intentan vivir genuinamente combatiendo estos problemas, rechazando la mera idea de construirse un hogar en el centro de este mundo infernal.
Sin embargo, es necesario proponer una imagen positiva del futuro que sirva como contraparte a las utopías futuristas que encontramos en las obras de Robert Anson Heinlein.
Las soluciones más radicales e imprescindibles las han formulado sin duda Kaarlo Pentti Linkola y Theodor Kaczynski, cuyas ideas expondremos a continuación.
Nuestra imagen es la siguiente:
“El descubrimiento de la electricidad ha sido el mayor desastre de la historia de la humanidad. Por lo tanto, es necesario destruir y condenar al olvido todos los libros y bibliotecas que enseñan ingeniería, ciencia, tecnología y demás conocimientos modernos. Debemos hacer pedazos esta civilización tecno-génica de una vez por todas”.
El hombre no necesita mucho con tal de tener una vida plena y eso lo demostró el gran escritor ruso Lev Tolstoi cuando apostó por una simplificación de las necesidades humanas.
Desde una perspectiva pagana, tal idea implica retornar a una vida bastante difícil, pero hermosa en la que se manifiesta la plenitud del ser, la libertad, la vida y la muerte en un mundo lleno de espíritus, ancestros, dioses y seres maravillosos que aparecen por todas partes.
Solo entonces las piedras podrán volver a volar, los árboles hablarán y el viento cantará junto con los ríos. El hombre volverá a ser deslumbrado por el Ser mientras camina en el campo nocturno bajo los ojos celestes de sus Ancestros. Solo los necios consideran que las estrellas son “cuerpos celestes hechos gas y energía” que existen en algún lugar lejano.
“¡Es imposible que ellas se encuentren demasiado lejos, pues una de ellas ha caído del firmamento, lo cual significa que un antepasado ha visitado a sus descendientes!”, dice con acierto un anciano sentado al borde de un acantilado. Y los espíritus en las rocas asentirán al escuchar sus palabras.
El hombre debe ser capaz de vivir de la Madre Tierra, conocer los oficios indispensables, ser capaz de cazar y dar parte de lo que obtiene a los espíritus, ser capaz de construir una casa y proveerse con suministros, ser capaz de bailar, cantar canciones, alabar a los dioses y renacer en el Clan.
Debe ser capaz de distinguir entre las travesuras del Lisovik (leshi) (1), el brujo de la muerte, y las acciones y bromas bondadosas que le hace Bannik (2).
El guerrero debe conocer el oficio de la guerra, la firmeza de la obediencia y el mando, además de la recompensa que trae el valor de la muerte, porque la muerte conoce la gloria eterna de las acciones honorables. Y habrá guerras, porque la guerra es el padre de todas las cosas.
Los sabios, los sacerdotes, los filósofos y los chamanes serán los portadores de los conocimientos más importantes relacionados con el mito y la esencia de la naturaleza divina del universo.
No existirá la educación general y cada uno tendrá acceso a un conocimiento igual al que la encarnación de su alma le puede proporcionar.
Cuando un campesino o un guerrero tiene alguna pregunta acerca del universo, entonces ira a buscar respuestas a sus interrogantes en las palabras de los sabios. Estos les explicaran el por qué del mundo y la esencia de las cosas. Luego, ambos deberán ofrecer sacrificios a los dioses y a los espíritus para conmemorar su gloria y grandeza.
No es necesario aspirar a algo más.
Cuando alguien se enferme, será el deber del chamán ir al otro mundo a buscar su alma y devolverla a su cuerpo. El chamán será el encargado de luchar contra los espíritus malignos que estén en el cuerpo de la gente, recogerán hierbas y ayudaran a parir a las mujeres.
Cuando una persona muere, significa que las Nornas (3) o Moiras (4) decretaron que llegó su momento y lo han hecho partir; pero no hacia el olvido, sino a reencontrarse con sus Ancestros en el otro mundo hasta que llegue la hora de renacer. Sus parientes lo despedirán con canciones y banquetes fúnebres. Caronte lo llevará al otro lado del río y los dioses sopesarán sus acciones para que, a su debido tiempo, su alma elija su nuevo destino.
Así fueron las cosas, así volverán a ser.
Pero esta realidad no será eterna, porque el Sol una vez más volverá a ocultase en el ocaso y este mundo de la Tradición será tragado de nuevamente por las serpientes y las criaturas del subsuelo.
Este ocaso será inevitable y veremos como el báculo del sacerdote pasa de la mano derecha a la mano izquierda, por lo que volveremos a vivir este Gran Invierno donde los habitantes de este mundo se encontrarán en medio de las ruinas riéndose de los payasos ignorantes que deambulan sin rumbo atrapados por la ignorancia y el Velo de Maya, mientras se dan golpes de pecho y dicen “¡construiremos un futuro mejor Tradicionalista-Futurista!”
Y los dioses se reirán con nosotros.
Y yo estoy riendo con ellos.
Notas del Traductor:
1. Lisovik en ucraniano o leshi en ruso es una criatura sobrenatural de la mitología eslava. Vive en un lugar apartado, en el bosque, pero solamente cuando no hace frío. El 17 de octubre se mete bajo la tierra, donde pasa el invierno. Pero antes de ocultarse se enfurece: provoca tormentas, rompe los árboles, echa a los animales de sus madrigueras, etc. Los polacos creen que le gusta posarse en un árbol adoptando forma de lechuza, por eso los campesinos tienen miedo cortar esos árboles. Los cuentos rusos dicen que al Lisovik le gusta esconderse en los agujeros de árboles. A Lisovik le encanta silbar, pero cuando hay gente en el bosque prefiere no hacerlo, para no llamar su atención.
2. El Bannik es un espíritu que vive en las casas de baños (banya) en la mitología eslava. Las casas de baños eslavas se asemejan a saunas, con una sala interior humeante y un vestuario exterior. Un lugar donde las mujeres daban a luz y practicaban adivinaciones, la casa de baños se consideraba que tenía una gran cantidad de energía vital. Por eso algunas partes estaban reservadas Bannik. Si un intruso lo molesta mientras se lava, el Bannik podría verter agua hirviendo sobre él o incluso estrangularlo.
3. Las nornas son dísir (plural de “dís”, un espíritu femenino) de la mitología nórdica. Las tres más importantes son conocidas con los nombres de Urðr (o Urd, “lo que ha ocurrido”, el destino), Verðandi (o Verdandi, “lo que ocurre ahora”) y Skuld (“lo que debería suceder, o es necesario que ocurra”). A Skuld también cumple el rol de una valquiria. Según las Eddas existen también muchas otras nornir menores asociadas a individuos en particular.
4. En la mitología griega, las Moiras (en griego antiguo Μοῖραι Moîrai ‘repartidoras’) eran las personificaciones del destino. Sus equivalentes en la mitología romana eran las Parcas o Fatae, las Laimas en la mitología báltica y las Nornas en la nórdica. Vestidas con túnicas blancas y de semblante imperturbable, su número terminó siendo el de tres. La palabra griega moira (μοῖρα) significa indistintamente ‘destino’, ‘parte’, ‘lote’ o ‘porción’, en referencia a su función de repartir a cada mortal la parte de existencia y de obras que le corresponden en el devenir del cosmos. Controlaban el hilo de la vida de cada ser humano desde el nacimiento hasta la muerte, y aún después en el Hades.
Por Askr Svarte

