Respuesta a Evgeny Nechkasov por parte del investigador y traductor de textos tántricos Andrey Ignatyev.
He leído recientemente el último libro de Evgeny Nechkasov Tradición y Shock futuro: Imágenes de un futuro que no es nuestro y debo decir que me resultó fascinante. Algunos apartados del mismo tienen un carácter enciclopédico y por eso tuve que releerlos varias veces. Hubo muchas cosas que llamaron mi atención y si tuviera que enumerar cada uno de los pensamientos que tuve, probablemente tendría que escribir un libro tan largo como el que escribió el mismo autor. Por lo tanto, solo voy a enumerar las ideas más importantes que se me ocurrieron:
- El libro coincide en muchos puntos con mis propias ideas. Desde niño, siempre he tenido la sensación de que vivimos en una civilización extremadamente fea, antinatural y condenada a desaparecer. Me resulta imposible aceptar que la vida se reduzca a la ecuación “trabajar-consumir-morir” e igualmente me causaba nauseas el espíritu de la educación soviética que afirmaba que “todo hombre debería saber cómo arreglar una motocicleta”. Nunca me ha interesado “saber cómo se arregla una motocicleta” y, sobre todo, me repugna la uniformidad. Recuerdo que cuando era todavía niño me di cuenta que los pollos de las granjas normales tenían las plumas de diferentes colores y tonos, mientras que los pollos de las fábricas avícolas eran de color blanco. Me gustaba mucho el color de los primeros, me disgustaba infinitamente la monotonía que imponía la industria sobre los últimos. Estas ideas ya rondaban en mi cabeza mucho antes de leer a Guénon y Evola. Recuerdo que a principios de los años noventa leí un artículo de la revista Znaniye – sila (el conocimiento es poder) cuyo autor pedía el fin de las complicaciones tecnológicas y llamaba a celebrar un “congreso mundial a favor de la vida campesina”. Fue así como descubrí que existían personas que defendían un “regreso a las cavernas” (algo parecido al “retorno a la Edad Media”) y empecé a buscar una alternativa, por lo que entré en contacto con muchos “esoteristas” y seguidores de las religiones orientales, siendo la mayoría de ellos críticos frente a la civilización tecnológica moderna. Recuerdo que en una reunión de los Hare Krishna había quienes decían que “la telepatía sustituiría a los teléfonos”. También participe en dos intentos de crear comunas autónomas dedicadas a labores agrícolas en la región de Kaliningrado. Sin embargo, ambos intentos fracasaron por completo. Posteriormente, mi camino me llevo al ashram tántrico.
- El libro es muy interesante, especialmente porque el autor no rinde pleitesía a ninguno de los actuales ídolos de la Modernidad como lo son el “crecimiento económico”, el “aumento del PIB”, el “aumento de la esperanza de vida”, la “calidad de vida”, la “solución del problema demográfico”, la “lucha contra la corrupción”… tópicos que encontramos tanto en la “izquierda” como en la “derecha”, o en los “liberales” y “conservadores”. Todas estas son quimeras que pertenecen al reino de la cantidad. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene elevar constantemente la “calidad de vida” de las personas si en muchos países, incluyendo a Rusia, es exorbitantemente alto? ¿Acaso deseamos convertir el planeta en un gran basurero?
- Cuando milite en los medios patrióticos y nacionalistas una de las cosas que más me repugnaba (y este problema también lo veía en muchos neopaganos) era el fenómeno del “tecno-racismo”, el cual consiste en un discurso lleno de fanfarronerías sobre que la tecnología es algo exclusivo de los blancos/europeos/rusos, mientras que se alababa a Korolev y a Gagarin y se hacía un llamado a favor de una “nueva industrialización”. Resulta curioso que todos estos “tecno-racistas” jamás inventaron nada en sus vidas y, en ese sentido, no son mejores que los “primitivos” que tanto desprecian. Este es el caso del famoso y delirante Maxim Kalashnikov (1) que incluso promociona una versión nacional-patriótica del transhumanismo. Hace bastante que perdí cualquier clase de contacto con los representantes de estos círculos y no sé qué es lo que promocionan o piensan ahora (sobre todo en estos momentos, cuando los chinos hace tiempo que superaron a los rusos en la creación de inventos). Solo me alegró que en este libro no encuentre rastros del “tecno-racismo”.
- El colapso del sovietismo y la posterior desindustrialización del espacio postsoviético despiertan la esperanza de que algo parecido suceda nuevamente, pero a mayor escala. Hubo un momento en que me regocije con el hecho de ver cómo muchas plantas y fábricas industriales, que anteriormente habían sido glorificadas hasta el hartazgo por la propaganda soviética, cerraban o eran reducidas a escombros. Este mejoró muchísimo la situación ecológica del país. Por ejemplo, después del cierre de la fábrica de papel de Kaliningrado durante la década de 1990, el río Pregolia dejó de oler a sulfuro de hidrógeno por las mañanas y ¡volvieron a vivir peces en él!
- Por otra parte, diría que el movimiento transhumanista, tal y como es presentado en el libro y a pesar de su carácter científico, recuerda mucho a la escatología de las sectas cristianas que proponen una vida eterna, sólo que la Nueva Jerusalén sería reemplazada por un mundo dominado por una matriz electrónica. Es curioso que ya durante la década de 1920 existían fantasías similares en la Rusia soviética, donde muchos vanguardistas soñaban con llevar a cabo una síntesis entre el hombre y la máquina.
- Creo que será imposible volver a reconstruir la actual civilización tecnológica una vez que esta se derrumbe. La revolución industrial únicamente fue posible gracias a los depósitos de minerales que eran fácilmente accesibles en la superficie de la tierra (especialmente el carbón y el hierro). Pero estos depósitos ya se han agotado.
- Estoy por completo de acuerdo con lo que dice el autor sobre China, incluso me atrevería a decir que hoy China es mucho más occidentalista que Estados Unidos y Europa. Los amish y otros grupos que tienen comunidades agrícolas autónomas viven pacíficamente y sin miedo hacer reprimidos en los Estados Unidos. En cambio, si vivieran en China simplemente serían enviados a campos de concentración, junto con los uigures y los tibetanos, con tal de producir bienes para el consumo, mientras son obligados a memorizar los discursos de Xi Jinping. Por el contrario, se puede expresar ideas anti-tecnocráticas radicales y a favor del medio ambiente en Occidente. Algo así es impensable en China. Tanto China como la India se encuentran obsesionadas con el “desarrollo”. Sin embargo, no creo que la situación sea tan desesperada como lo pintan para el Reino Medio. El renombrado futurólogo Alvin Toffler escribió alguna vez que existía la posibilidad de que surgiera en China un poderoso movimiento religioso anti-tecnológico. Toffler tenía en mente sobre todo la rebelión Taiping (2). Otro ejemplo sería la rebelión de los Boxers que sacudió a China a principios del siglo pasado. Los boxers fueron, sin lugar a dudas, el movimiento antioccidental más radical que apareció alguna vez en Asia y África: ni siquiera usaban armas europeas y atacaban a las tropas de los colonizadores a mano limpia, creyendo que las artes marciales chinas los protegían de las balas usadas por los “bárbaros extranjeros”.
- El autor es extremadamente coherente con sus puntos de vista, especialmente en su rechazo total a la técnica si lo comparamos con Pentti Lincola. Normalmente la solución que se da a este problema es abandonar un aparato técnico para reemplazarlo con otro. Linkola, por ejemplo, sugiere abandonar los autos y reemplazarlos con bicicletas. Pero para fabricar bicicletas se necesita metal (lo que implica extraer minerales y el dominio de la metalurgia), la fabricación de caucho (lo que implica una especie de industria química) y pintura (otra vez, la industria química). Y eso requiere de la formación de una cierta clase de mano de obra cuyos cerebros sean contaminados por la que vulgarmente llamamos “educación”. Mucho de esto me recuerda a las ideas que expresaba Limónov en su libro La otra Rusia, donde proponía abandonar la civilización moderna y volver a la vida nómada… pero con helicópteros.
- Guillaume Fay, quien es mencionado en el libro, es desenmascarado como un progresista y un tecno-racista que oculta su obsesión con la técnica al revestirla con un barniz neopagano. Todo esto recuerda mucho a los actuales gobernantes rusos que juegan a ser “conservadores” y se hacen amigos de otros “conservadores” europeos, mientras ocultan detrás de su espalda inmensas bolsas de dinero. En su forma de vida e ideas no se diferencian mucho de los “liberales”, excepto quizás por la etiqueta que usan.
- Por otro lado, el libro explora las diversas definiciones del movimiento primitivista y coincide en que todas ellas enfrentan el problema de ser incapaces de encontrar un “sujeto revolucionario para llevar a cabo semejante transformación”. ¿Quién será capaz de dar vida por estas ideas? ¿Un pequeño número de personas que se irán a vivir al bosque (donde, como observa acertadamente el autor, el sistema finalmente terminará por encontrarlos), o tribus arcaicas que, con arcos y flechas, defenderán sus territorios contra la embestida de esos civilizadores extranjeros? De niño soñaba con que se produjera una rebelión de los animales, pero eso fue durante mi infancia. Mi escritor favorito, Ernst Jünger, predijo que en el futuro se produciría una serie de cataclismos y que solo había que esperar a que la misma naturaleza pusiera todo en su lugar, ya que estas fuerzas elementales debían recordarle a una humanidad demasiado entusiasta cual era en verdad el sitio que ocupaban en este planeta.
15 de septiembre de 2021. Centenario de la muerte del legendario Barón Ungern.
Notas del Traductor:
1. Vladimir Alexandrovich Kucherenko, más conocido por el seudónimo de Maxim Kalashnikov), es un escritor, publicista y activista político ruso. Sus escritos elogian la Unión Soviética y su sistema político y económico desde una perspectiva nacionalista rusa, criticando al gobierno ruso por permitir el avance de la OTAN en contra de Rusia y la probabilidad de que este antagonismo desemboque en una guerra nuclear entre Rusia y la OTAN.
2. La Rebelión Taiping fue una guerra civil con grandes connotaciones religiosas y sociales, que ocurrió en China entre los años de 1850 y 1864, en la que se enfrentaron las fuerzas imperiales de la dinastía Qing y el Reino Celestial de la Gran Paz, que actuó abarcó sobre todo a importantes zonas del sur de China. El Reino Celestial de la Gran Paz fue un estado teocrático de origen revolucionario, gobernado por un profesor de la etnia hakka llamado Hong Xiuquan, que mezclando diversas doctrinas religiosas y con las cuales formó a los Adoradores del Emperador (ya que su nombre en chino es Bài Shàngdì Huì, siendo Shangdi el Dios supremo del shenismo, que traducido al castellano es Emperador), quienes conquistaron las provincias Anhui, Hubei, Jiangxi, Zhejiang y Jiangsu, de las que se proclamó rey y nuevo Mesías, siendo hermano menor de Jesucristo e hijo de Shangdi, queriendo erradicar el culto al demonio y restablecer el Mandato del Cielo.
3. La rebelión de los bóxers fue un movimiento iniciado en el año de 1898, coincidiendo con la Reforma de los Cien Días, y finalizado el 7 de septiembre de 1901, surgido en la China de la dinastía Qing contra la influencia extranjera en el comercio, la política, la religión y la introducción de tecnología. Para agosto de 1900, cerca de 230 extranjeros, miles de chinos cristianos, un número desconocido de rebeldes, sus simpatizantes y otros chinos habían muerto en la revuelta y su posterior represión. Fue iniciado por la Milicia Unida en Justicia (Yìhéquán), conocido en inglés como los bóxers porque muchos de sus miembros habían practicado artes marciales chinas, también conocido en el mundo occidental como el «boxeo chino». Los aldeanos en el norte de China habían sentía odio contra los misioneros cristianos que ignoraban las obligaciones tributarias y abusaban de sus derechos extraterritoriales para proteger a sus congregantes contra demandas judiciales. El trasfondo inmediato de la sublevación incluyó una severa sequía y la derrota en la Guerra Sino-Japonesa de 1895. Después de varios meses de creciente violencia y asesinatos en Shandong y la llanura del norte de China contra la presencia extranjera y cristiana en junio de 1900, los combatientes bóxers, convencidos de que eran invulnerables a las armas extranjeras, convergieron en Pekín bajo el lema de «Apoyar al gobierno Qing y exterminar a los extranjeros». Posteriormente fueron aplastados por la alianza formada por las potencias imperiales europeas.
Por Andrey Ignatyev

