El concepto de patria, es decir, el lugar de origen de nuestros parientes, el espacio y la naturaleza en cuyo seno materno un pueblo nace y refleja su existencia por medio de su cultura, es un elemento crucial para la comunidad y el ser humano. La patria es el hogar del hombre, el lugar auténtico donde nos arraigamos en la tierra y poseemos un cielo rodeado por nuestros antepasados divinos y cercanos, incluyendo aquellos que ya fallecieron.
Pero mucho más allá de la dimensión espacial que tiene la patria – la respuesta a la pregunta de “¿dónde?”, es decir, la encarnación del topos (τόπος) como dimensión existencial de la presencia-en-el-mundo – podemos afirmar que también existe una dimensión temporal – de allí que tengamos que responder a la pregunta del “¿cuándo?” como encarnación del χρόνος – en la que existe su presencia. Se trata, por tanto, de habitar un espacio y un tiempo auténticos.
Partiendo de las diversas enseñanzas de los distintos pueblos que han existido, podemos decir que el núcleo auténtico de la temporalidad expuesto en las diferentes mitologías del mundo hace referencia a distintos acontecimientos. Los griegos explicaban esto como la “Raza de Oro de los Hombres” y la victoria de los dioses sobre los titanes en la Titanomaquia; según Hesíodo esto es lo que instaura el orden en el cosmos. Por el contrario, la cultura predominantemente agrícola de los eslavos cree en una especie de ciclo agrario en donde se suceden la muerte y el renacimiento. Por su parte, los alemanes ponen su mirada en el horizonte escatológico marcado por la batalla final entre los Aesir y los Einherjer contra los Jotuns y el ejército de los muertos.
Sin embargo, si miramos a nuestro alrededor, podemos decir que espacialmente hoy en día nos encontramos en “ninguna parte”, en un no-lugar (α-τόπος). La realidad industrial y la tecnología que nos rodea, especialmente las pantallas, han sustituido todo lo auténtico y manifiesto que existía en nuestro entorno. El Gestell se convierte en un factor alienante que media entre las cosas, los seres humanos y la naturaleza.
Por otra parte, en la dimensión temporal nos hayamos en el reino del “nunca jamás”, vivimos en medio de la atemporalidad, una especie de historiografía que surge como parte del tiempo vacío (con calendarios e hiero-historias ajenas a nosotros mismos), un Dasein aburrido donde no se sucede ningún acontecimiento.
Dentro de las enseñanzas del zen se habla del satori (la iluminación, el despertar, cf. samadhi en el hinduismo), el cual es descrito como una experiencia directa en donde captamos nuestra naturaleza auténtica aquí y ahora. Si aplicamos esta enseñanza a nuestra situación y nuestro camino, podemos hablar de una especie de satori negro, de un Despertar Negro, es decir, un despertar que nos rebela un no-aquí y un no-ahora: estamos donde no tenemos que estar y cuando no tenemos que estar. Por lo que podemos hablar de una autodefinición negativa tanto del espacio como del tiempo en relación a la autenticidad; este modus operandi que podemos denominar como un Despertar Negro. Se trata de todo lo contrario a la naturaleza auténtica de un despertar en el espacio y en el tiempo adecuados.
El marco semántico y existencial de este Despertar Negro lo podemos definir de la siguiente manera: la antigua palabra alemana heim significa hogar, ático y patria, es decir, las tierras que uno habita. Heidegger habló del sentimiento del heimische o la posesión de la patria, del hogar y de la afinidad con el espacio. Lo contrario del heimische es el unheimische, es decir, el encontrarnos sin un techo y sin un hogar. Heidegger forma esta palabra a partir del adjetivo unhemlich, que significa horror o miedo. El carecer de una vivienda está vinculado a la experimentación de un sentimiento de incomodidad y horror alienantes al vivir en semejante situación. También está asociada al sentimiento inverso de nostalgia y añoranza de la patria (literalmente: dolor por la patria).
La línea semántica Heim/Heimat (patria, lugar y tiempo) → heimische → unheimische → unheimlich es equivalente a la palabra latina sinisterus, en italiana moderna como sinistra (cf. Alemannico finster), que significa lo mismo que unheimlich, es decir, terrible, temible, oscuro. Pero sinister/sinistra significan también izquierda, zurdo. Esto nos lleva a la afirmación que la morada del Despertar Negro sucede dentro del Camino de la Mano Izquierda y debe apoyarse en los principios y prácticas agónicas que convierten el veneno en soma, los cadáveres en alimento, lo terrible y nihilista en algo divino. Recordemos que entre los nombres del Aesir Odín se encuentran tanto Yggr (Horrible) como Vakr (Insomne, Despertar). A esto hay que añadir el epíteto Svartr – Negro: Óðinn Svartr Vakr og Yggr.
Heidegger observa acerca de la palabra unheimlische que en su interior se pone énfasis en la raíz sonora de heim y que en el unheimlische todavía resuena la “casa”, lo que significa que desde tal estado de abandono se puede abrir el camino para crear la casa y eso solo lo podemos lograr dando un salto al abismo con tal de superar la negatividad.
Por Askr Svarte

