John Caputo, Meister Eckhart y Dios

John Caputo hace un diagrama muy interesante en su libroEl elemento místico en el pensamiento de Heidegger», donde aborda la mística de Meister Eckhart

Sin entrar en detalles – lean el libro, está disponible en el canal –, lo importante aquí es su dimensión apofática, «imposible», la frontera entre el ser de Dios y el alma se expresa como una línea borrosa. Y Caputo, basándose en sus investigaciones, subraya también que en la mística de Eckhart, en el límite más alto, sostiene que el alma y la Divinidad no sólo están «juntas», sino que incluso son «una» mucho «antes» de que cualquier división pueda existir entre el alma y Dios (como Gott/Grund).

Caputo ve en esto el componente radical y, con razón, herético de la mística de Eckhart basada en el neoplatonismo puro.

Caputo habla aquí del «panteísmo» de Eckhart, pero se trata de una definición errónea, ya que se corresponde con el monismo advaita a un nivel apofático, el cual degenera en dualismo creacionista cuando al místico se le obliga a expresarse por medio de dogmas cristianos.

La relación íntima que Eckhart propone entre el alma y la Divinidad es mucho más estrecha y se describe mejor mediante la fórmula tat tvam asi o el «atman es Brahman».

Lo más interesante de este esquema es que se le puede oponer toda la furia de Pavel Florensky, quien en su «Pilar y Afirmación de la Verdad» demuestra prácticamente de forma matemática (la vileza del método utilizado aquí no hace más que subrayar la vileza del método general) la imposibilidad y error total de creer en la idea de la fusión completa del alma con Dios: sólo se puede estar uno al lado del otro, en la luz, pero nunca ser uno. Para Florensky, la línea entre la Divinidad y el alma no sería una línea borrosa, sino una línea concreta. Y en esto, como cristiano, tiene razón y es coherente.

Así que el misticismo neoplatónico renano, que usa un lenguaje dialecto cristiano y fue condenado por el Vaticano, es compatible con nuestra herencia manifestacionista no dual.


Askr Svarte

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera