El loci nómada de lo sagrado

Extracto de Evgeny Nechkasov (Askr Svarte), Dissimiliatsiia [Disimilación] (Novosibirsk: Svarte Publishing, 2024). 

El término «loci nómada de lo sagrado» es un nombre genérico, mientras que dichos loci tienen en realidad numerosos nombres autóctonos dados por las personas que los crean y habitan en ellos. Este nombre se refiere a un topónimo local alternativo para una comunidad, o una familia de creyentes que viven en una zona determinada, o simplemente una «casa en las afueras del pueblo», o el subsuelo, un ashram, un monasterio, una granja, un asentamiento, una aldea, una choza de vigilancia en un bosque, una arboleda sagrada, un pico, un valle, zonas de difícil acceso y desfiladeros de montaña, lagos, mesetas, y mucho más. La palabra latina locus significa lugar, espacio, y se encuentra – y no es casualidad para nuestras reflexiones – en el término Genius loci, «Genio del lugar», es decir, el Genio patrón de un lugar o la Deidad que habita en él, ya sea un espíritu o un ser mitológico.

El nomadismo puede entenderse, entre otras formas, en términos de desplazamiento literal de un locus a otro, como la preparación de la revelación de un posible locus dentro del espacio de la errancia, etcétera. Pero también puede entenderse como la fluidez y variabilidad de las prácticas de ocultar o presentar un locus de lo sagrado en relación con la visión externa: visto desde fuera, este locus debe presentarse como algo ordinario, rutinario y sin interés, sin exponer su interior radicalmente diferente. Por último, un nómada es un vagabundo que siempre se presenta como un extraño y un invitado. Nos ayuda a entenderlo la polisemia de la palabra inglesa «stranger», que también se ha conservado en la lengua rusa: un extraño es alguien desconocido, alguien extranjero, pero también es un stran-nik («errante») y es stran-nyi («extraño»). La figura del errante en la cultura europea nos remite al Romanticismo y, por lo tanto, al problema de ser abandonado por Dios, así como al problema de la nostalgia y el dolor. En la cultura rusa, errante (strannichestvo) tiene el significado totalmente específico, aunque ya obsoleto, de alguien que vaga entre lugares sagrados y vive de limosnas o se alimenta en monasterios, es decir, un asceta, un peregrino, un monje errante o un santo tonto consciente (iurodivyi ruso). En general, la figura del vagabundo y huésped tiene un carácter ambivalente en la mitología: la apariencia de un recién llegado extraño puede ocultar una figura demoníaca y maliciosa o una Deidad (Odín, por ejemplo). Ésta es una de las raíces de la cultura de la hospitalidad, ya que un espíritu o una Deidad podría recompensar a los dueños de casa que dan la bienvenida, o se podría poner a prueba a un invitado extranjero para ver si es de naturaleza humana o demoníaca. Todos estos matices y significados complementan esencialmente y dan volumen a este término en el camino de la disimilación.

La génesis de la idea de los loci nómadas de lo sagrado se basa en las siguientes ideas e intenciones:

  • El último Ernst Jünger y la Gestalt del Rebelde del Bosque y el Anarca;
  • Las reflexiones y búsquedas tardías de Julius Evola y las figuras del hombre entre las ruinas, cabalgando el tigre y el hombre diferenciado;
  • El concepto general y difuso de Zomia, basado en los trabajos de James Scott y análogo a la figura del Bosque jüngeriano;
  • Las zonas autónomas temporales y permanentes de Peter Wilson;
  • El imperativo antitecnológico que constituye el paradigma del libro Tradición y shock futuro;
  • El discurso antidisciplinar en sentido amplio, leído a través de la óptica tradicionalista presentada en la segunda parte de este libro y desarrollada en Tradición y futuro shock;
  • El sacrocentrismo y el problema de la posibilidad y las formas de la experiencia sagrada postradicional, que hemos trazado desde el libro Polemos hasta el replanteamiento radical de la cuestión a la luz de la crítica heideggeriana de la metafísica en el libro Hacia otro mito;
  • Nuestra propia experiencia personal de disimilación, incluidas nuestras observaciones, tanto directas como personales, de estrategias análogas en distintos países entre diversos grupos tradicionalistas y religiosos.

En la medida en que nuestra palabra se dirige a círculos más amplios para los que estos temas y cuestiones son existencialmente importantes, no podemos abarcar toda la infinita diversidad de experiencias y dificultades potenciales a las que se enfrenta la encarnación de loci sagrados en diferentes rincones del mundo. Debido a las diferentes condiciones geográficas, climáticas, geopolíticas, ideológicas, socioeconómicas, culturales, tradicionales y más estrechamente relacionadas con el culto, sería imposible, y con toda probabilidad superfluo, presentar recomendaciones universales y concretas. La adaptación de los principios fundamentales a las condiciones y posibilidades locales es una tarea de pensadores y una cuestión de detalles sobre el terreno. En un lugar puede que no haya alternativa a la necesidad de evacuar la metrópoli, mientras que en otro será necesario cambiar las prácticas agrarias o cambiar el modus vivendi del sedentarismo a la caza y el nomadismo, mientras que en otros lugares esto significará estrategias completamente diferentes que comprometan el statu quo y el estado de cosas. Por lo tanto, en lugar de un cuadro sistemático y calculado, como si se tratara de una receta para la utopía, nos parece más apropiado exponer una serie de reflexiones y meditaciones sobre algunas de las estructuras e imperativos fundamentales de los loci nómadas de lo sagrado.

El loci de lo sagrado es lo que el Tradicionalista debe comprometerse. Dondequiera que estemos, afirmamos el espacio de lo sagrado, llevamos el aire al vacío y avivamos los bosques, los campos y las aguas.

Afirmar un locus sagrado no significa que sólo tengamos que abrir los ojos para acceder a un mundo sagrado realmente existente a nuestro alrededor, ya sea paralelo u oculto. Ni mucho menos, pues los paisajes industriales que nos rodean son en esencia agentes de empobrecimiento y nihilismo. Sin embargo, al habitar dentro del pensamiento sacrocéntrico, al plantear y reflexionar el cuestionamiento del Seyn, creamos la posibilidad de formar islas y loci a nuestro alrededor donde las Divinidades, los espíritus y los ancestros puedan reunirse o no, pues no hay garantías, y mucho depende de nuestro tacto. Estamos librando una difícil lucha para reclamar espacio del desierto para oasis de bosque, para encantarlos de nuevo.

No hay garantía ni arreglo – ni puede haberlo – de que el diálogo y la comunión entre el hombre y las Divinidades vayan a fructificar siempre, necesariamente, en el espacio de un locus nómada. Más bien, sería más correcto decir que podemos tomar con confianza la iniciativa y extender la invitación al diálogo desde nuestro extremo: «Mirad, hemos encendido el hogar y os invitamos, Divinidades, antepasados y espíritus, a compartir sacrificios, comida, bebida y pensamiento con nosotros».

El locus nómada de lo sagrado puede diferir en el espacio: desde el pensamiento en la mente de un solo vagabundo hasta el espacio de la familia y el círculo cercano, pasando por una aldea tomada por un grupo de correligionarios junto con los bosques cercanos, despejados de otra población e infraestructuras.

El locus importante, mínimo, de lo sagrado es el pensamiento, el pensar. El pensamiento más serio de lo sagrado significa posicionarse directamente para afrontar el problema de la desgracia de lo Divino en nuestros días, con el más estricto paréntesis de todo lo demás. Esto significa pura presencia ante la propia Deidad.

La Divinidad puede manifestarse en el lugar sagrado de diferentes maneras. Generalmente estamos acostumbrados a que lo Divino se manifieste siempre como una Deidad, pero entonces las expectativas de una Deidad o Deidades podrían oscurecer y distraernos de otra teofanía de lo Divino.

Un locus nómada de lo sagrado puede compararse a un bote salvavidas que se aleja flotando del Titanic y sigue su curso. Es una pequeña isla de salvación preliminar mientras todos los demás siguen paseando ociosamente por la cubierta del barco, inconscientes de la gélida perdición del Océano.

Sin embargo, como ya hemos dicho en otro lugar, el locus sagrado se vuelve extremadamente problemático y prácticamente imposible en el mundo industrial, y es absolutamente imposible en los espacios y paisajes digitales y virtuales. En los casos en que surgen preguntas y dudas sobre la revelación de un locus nómada, tales cuestionamientos deben resolverse a favor del juicio de que el locus sagrado en cuestión se ha derrumbado o está ausente y, por lo tanto, interpretarse como una llamada a seguir adelante.

Vlassis Rassias, una figura prominente en el renacimiento del paganismo griego, ha explicado que los paganos griegos contemporáneos se abstienen de celebrar su culto en los altares y lugares que sobreviven de la antigüedad, independientemente de la ley formal, debido a su accesibilidad masiva para turistas y credos ajenos, es decir, a fuerza de su impureza metafísica y su completa profanación en nuestros días.

Por lo general, un lugar sagrado se establece y se mantiene durante mucho tiempo, en virtud de muchos sacrificios y mucho esfuerzo. Reconquistar esos espacios significa sabotear y destruir los proyectos de infraestructuras y desarrollo, hacer inhóspitos los caminos que conducen a ellos y minimizar o inutilizar su localización mediante redes. El propio lugar debe convertirse en algo que exteriormente parezca abandonado, aburrido, sin interés, peligroso.

En medio del panóptico total de vigilancia por medio de cámaras, aparatos que escuchan y rastrean y satélites invisibles, cada vez hay menos espacios para los loci nómadas de lo sagrado. Alcanzar un estado literal en el que nadie sepa dónde estás, cómo encontrarte y qué estás haciendo – cuando estás «desconectado» al máximo del cuerpo agente de la Gestell hasta el punto de que es como si no existieras por un momento – puedes allanar el camino al locus de lo sagrado y de ese modo fortalecerlo. Lo más probable es que el destino futuro de tales posibilidades y espacios sea esconderse bajo tierra u ocultarse bajo un techo resistente y tras los muros.

No es difícil imaginar un futuro totalmente concreto en el que los fieles tradicionalistas ocultarán las últimas plantas y artefactos reales de la «vieja tierra» en fosas y alcobas subterráneas, con el telón de fondo de una superficie completamente cubierta por paisajes urbanos, industriales y futuristas ciberpunk. Tales alcobas y arbustos son también loci nómadas de lo sagrado.

Otra dimensión de la cuestión es la de la vecindad o el deseo de revelar un lugar sagrado con la ayuda o la proximidad de pueblos indígenas y arcaicos que han sufrido la modernización y la occidentalización en menor medida que los europeos. Esta estrategia no ofrece garantías: no hay que dejarse engañar por formas exteriores o estilos de vida exotéricos y arcaicos. No hay garantías de que los hogares de sus tradiciones no estén ardiendo o humeando. Sin embargo, en términos de estética, en contraste con el universalismo de los paisajes urbanos, y en virtud de su lejanía de las aglomeraciones logísticas y culturales, un lugar así podría tener su significado y sus beneficios, pero sin depositar grandes esperanzas ni compensar responsabilidades.

También puede considerarse cierta la siguiente proposición: si personas, familias o emigrantes modernos corrientes se asientan en el espacio de un locus tradicionalista o en sus proximidades, socavarán y romperán la continuidad ya duramente conseguida del locus sagrado. Crearán poros, vacíos y lagunas en él. Hay que sacarlos y expulsarlos del entorno.

Es igualmente necesario reducir el nivel de urbanización y la conexión infraestructural con las ciudades y el entorno industrial con el ánimo de vivir radicalmente fuera de la red. Un pueblo que tiene una torre de telefonía móvil y acceso a Internet, un punto de recogida de pedidos de una tienda en línea, una red de gas, etc., es un pueblo enchufado a un respirador pulmonar artificial. Es un espacio moribundo, no auténtico, del que todos sueñan con salir, escapando a la ciudad que ven en la televisión y en las pantallas de sus smartphones, reproduciéndola en el entorno local y recreando una de las peores formas culto cargo.

En el ámbito del pensamiento, una buena base de apoyo es el método del último Heidegger: pensar sistemáticamente y modelar esos callejones sin salida del pensamiento y las estrategias por caminos largos y tortuosos que, sin embargo, nos devuelven al estado original, al paradigma mismo del pensamiento. Al hacerlo, a lo largo del camino de evacuación, escapismo y disimilación, conlleva cortar los caminos secundarios y los que conducen en círculo.

Volviendo a la figura de los mapas, el Tradicionalista debe tener en mente archipiélagos enteros de los loci sagrados a los que puede acceder tanto en las tierras circundantes como en las más lejanas. Debe conocer y llevar calendarios y recordar las sendas de los nómadas como figuras y estructuras clave de su «mismidad» dentro de la obligada distinción de «lo propio frente a lo ajeno».

La cualidad calendárica de los loci nómadas de lo sagrado no sólo tiene que ver con el lugar, topos, sino también con el tiempo, chronos: el tiempo del camino hacia el lugar sagrado, el tiempo de habitarlo y el tiempo amargo de abandonarlo. También está el tiempo de la Dionysia, los rituales, las meditaciones, las ofrendas sacrificiales, las conversaciones, las fiestas conmemorativas y otras acciones y festividades prescritas por la tradición en el marco del espacio y el tiempo de un locus sagrado, donde, en principio, no hay personas ni ojos extraños.

La posibilidad misma de loci nómadas de lo sagrado es un milagro, un golpe de suerte metafísico en grado sumo que, como el marcado contraste de colores, complementa las duras condiciones de la escatología demasiado temprana de nuestros días.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

PRAV Publishing Substack