Muchas de las tradiciones indoeuropeas dicen que antes de que surgiera el mundo existía un Caos primordial del cual nacieron los primeros seres o dioses que ordenaron el cosmos.
La mitología sumeria habla del ancestral dragón-océano Tiamat que fue derrotado por el dios Marduk.
Los mitos euroasiáticos sobre un pato que se sumerge en el agua (el océano) igualmente hacen referencia a este caos primordial.
Hesíodo escribió alguna vez que el Caos parió a Érebo y Nix, la oscuridad y la noche.
Por su parte, los romanos veneraban al Dios bifronte Jano, Dios de las Puertas y de la manifestación, que mira hacia ambos lados. El origen etimológico del mes de enero es Jano, ya que a él está consagrado el solsticio de invierno y el inicio de cada nuevo año.
En las tradiciones nórdica-germánicas, en especial en la Edda, se habla de Ginnungagap, un abismo que existía antes de que surgiera el tiempo.
En todos estos ejemplos se hace referencia a los mismos elementos como portadores del origen del mundo: el agua, el océano, la noche, la oscuridad, el abismo y la profundidad (como origen del año o del cosmos), es decir, se nos refiere una entidad que existe más allá del tiempo.
Por otra parte, debemos diferenciar este Caos primordial del caos cotidiano que confundimos con el “desorden”. El Caos del que nos habla la mitología es antes que nada el origen y el lugar de receptáculo del que nacen los seres y el mundo. El Caos mitológico no hace referencia al desorden sino a una especie de supra-orden, pues el cosmos mismo existe a sus pies: un mundo cerrado y ordenado por Dios cuyos contornos y límites suelen estar custodiados por murallas o fortalezas más allá de los cuales resulta peligroso ir. El Caos Primordial, sin embargo, incluye no solo lo que es él mismo sino también aquello que le es ajeno. Es por eso que el cosmos es representado como un mundo rodeado por el mar (Asgard) o un Huevo Pacifico (el Cosmos y su habitáculo) que permanece se encuentra abierto hacia arriba. Creo que usando una analogía literaria podríamos decir que el Cosmos es el pensamiento racional y rígido que se guía por la lógica de la causa y el efecto, mientras que el Caos es la poesía y lo ubicuo. El caos es aquello que supera toda contradicción y oposición con el único fin de restablecer esas mismas oposiciones y volverlas a superar.
Por desgracia, no se han conservado mitos o leyendas eslavas que nos hablen del Caos Primordial y es por eso que es muy difícil realizar un estudio completo y exhaustivo sobre como el paganismo ruso concebía el origen de las cosas. Prácticamente no sabemos nada de como los eslavos concebían el nacimiento del mundo. No obstante, podemos llenar esta laguna recurriendo a las tradiciones paganas de los pueblos vecinos y a las etimologías que existen dentro de la lengua rusa. El pensador neopagano Veleslav Cherkasov ha intentado solucionar este vacío de la tradición eslava por medio de sus trabajos sobre la Vía Izquierda.
Veleslav expone su doctrina sobre el Abismo Ruso en una serie de libros que escribió sobre la Vía Izquierda, aunque su trabajo más acabado es El libro de la Gran Navi. Su trabajo intelectual hace uso de dos métodos: la comparación y la traducción.
El primer método lo extrae de las ciencias de la mitología y las religiones comparadas, las cuales hacen énfasis en el estudio de las tradiciones de otros pueblos (indo)europeos y en la comparación que existe entre ciertas instituciones (estructuras) compartidas. Posteriormente, se recurre a una serie de suposiciones donde se intenta encontrar los elementos comunes que dieron nacimiento a la mitología de los diversos pueblos y como estos se expresaron en las tradiciones rusas.
El segundo método es muy parecido al primero, pero consiste en traducir un concepto que existe en una lengua emparentada con la nuestra (de forma literal, pero teniendo en cuenta el folclore, los mitos y la historia de la tradición desde la cual se traduce) al lenguaje de nuestra tradición e intentando adaptarla de forma adecuada a nuestro contexto, buscando que esta se ajuste lo más posible a nuestra lengua y mitología.
Veleslav recurrió a las ricas tradiciones europeas y asiáticas con tal de hablar de la “Navi” y el “Gran Navi”. El concepto de “Navi” hace referencia a lo inferior o, más bien, a aquello que rodea tanto al mundo de los vivos como de los muertos y que tiene ciertas correspondencias lingüísticas con nuestro folclore, el cual divide al mundo en tres partes tal y como aparece en el Libro de Veles.
Sin embargo, la idea de designar el Caos Primordial como Gran Navi es una propuesta hecha exclusivamente por Veleslav. El Navi tradicionalmente se refiere exclusivamente al lugar que se encuentra más allá del mundo de los espíritus (del mal y del bien) o de los antepasados difuntos. El Gran Navi, por el contrario, se refiere a “ese más allá” que incluye a todo el universo (tanto a la Estirpe como los aspectos que dan vida a los No Nacido) y que existe desde la Eternidad. Veleslav también propone distinguir entre Morena y Mara (1), que son dos nombres de la diosa de la muerte. Una de ellas es la hipostasis de la muerte y el más allá, mientras que la otra es la personificación del Abismo. De todas maneras, Veleslav sigue usando los mismos epítetos de siempre para describir al caos: noche, oscuridad, aguas oscuras, lo irreconocible/indescriptible.
Veleslav también habla mucho del Abismo. La palabra “Abismo” (Бездна, Bezdna) hace referencia a la ausencia de fondo y a la profundidad inmensa del Caos/Gran Navi. Además, el “Abismo” nos habla de la imposibilidad de describir de forma exhaustiva esta realidad, ya que esta existe mucho más allá del pensamiento lógico-racional que usamos cotidianamente, ya que todo término y epíteto que usemos se “precipitará” hacia el fondo del abismo. Esta descripción la encontramos en diferentes pueblos y épocas cuando nos hablan sobre el origen místico de lo sagrado.
En mis conversaciones con Veleslav sobre los distintos matices de la lengua rusa y el problema de expresar el Caos Primordial, hemos llegado a la conclusión de que existen interesantes paralelismos etimológicos entre las diferentes palabras que se usan en griego y nórdica antiguo para designar este fenómeno.
La palabra griega χάος significa literalmente abrir o desplegar un “hueco” o un vacío, significado que igualmente encontramos en la palabra germánica gap, de la que surge el termino Ginnunga gap, es decir, el caos germánico original. Ambas palabras hacen referencia a un “agujero” o “espacio abierto” del que surgen tanto los dioses como el mundo.
La palabra rusa para “Abismo” (Бездна) tiene un origen muy distinto y se encuentra formada por dos palabras distintas: “fondo” (дно, dno) y el prefijo negativo “sin” (без, bez). En cambio, las palabras griegas y germánicas antiguas provienen de una única raíz. No obstante, existe un equivalente directo de estas palabras en las lenguas eslavas, por lo que el concepto de Caos ruso puede ser expresado de una forma mucho más autentica y sencilla.
La raíz eslava *zev (зев) hace referencia a la divulgación, la apertura o el espacio vacío que existe entre dos bordes. Esta raíz la encontramos en los diccionarios etimológicos de Fasmer y Efremova: *zev proviene del protoeslavo *zevati que es bastante común en las lenguas eslavas.
Zev hace referencia a gap: bostezo. También significa agujero o cueva. Etimológicamente la palabra Shunyata (śūnya, que designa la comprensión budista de la simplicidad del ser y la naturaleza vacía de la mente) también hace referencia a un abismo o agujero en la tierra o cueva (lat. cavus); el concepto hindú del cero matemático tiene el mismo origen.
Desgraciadamente, en la lengua rusa actual la palabra *zev solamente significa “bostezar” y hace referencia al aburrimiento, aunque este significado es muy posterior y derivado. Dato curioso: en la tradición germano-escandinava uno de los nombres de Odín es Gapþrosnir que significa el que abre la boca de par en par en señal de asombro. En este nombre de Odín encontramos nuevamente la palabra *gap, que se utiliza para hablar de una boca abierta. Sin embargo, la relación que tienen estas palabras con bostezar proviene de que ambas acciones hacen referencia a una boca que se abre totalmente.
Creo que esta etimología nos permite solucionar el problema de encontrar en ruso una palabra para designar el Abismo (Zev) y de ese modo comprender correctamente cual es el lugar y la fuente oscura de la que provienen los seres. En todas las tradiciones el Caos es considerado como la antípoda del Cosmos o es representado como un dragón que es enemigo de los dioses y los héroes. El mundo nace como algo opuesto al Abismo y de allí la idea de que el caos es considerado como sinónimo de discordia y anarquía. Sin embargo, tales afirmaciones no se pueden aplicar a la tradición y la cultura eslavo-rusa, donde la Tierra Negra y el principio femenino-maternal juegan un papel muy importante en los cultos agrarios. Además, los ancestros y todos aquellos que pasaron a otro mundo hacen parte del culto a los Antepasados. Por lo tanto, podemos decir que el Zev es aquello que existe debajo de la Tierra y las cosas que se encuentran más allá de los límites del pueblo. El mundo intermedio, Navi, sería el Mundo Aparente, es decir, el que podemos percibir directamente por nuestros ojos y que existe en medio de dos bordes. Incluso es posible especular que los rusos consideran el Caos como algo autóctono, como el tronco sin raíces al que se abre el alma humana de forma contradictoria.
Esto nos lleva a la conclusión de que el Zev es la forma eslavo-rusa de un caos sin límites que permite la manifestación de las cosas (los brotes que salen de la Tierra) y la posibilidad de que los seres existan. Precisamente es cuando comprendemos este Зев/Χάος/Gap donde descubrimos la forma en que se expresa el ser. Pensemos en esto como el espeso follaje de un bosque que no deja que nada llegue hasta el suelo, pero en medio de las copas de los árboles se abre una grieta por la cual se filtra la luz, la lluvia, la nieve, etc. Con ello nos queda claro que el Zev no solo incluye al mundo medio, sino también todo lo que existe por encima de él.
Esta Abertura no dicta o normatiza nada, únicamente crea la oportunidad para que las cosas, los mundos, los Dioses y los hombres existan.
Hacemos una invitación para que estas reflexiones ayuden a nuestros amigos a que exploren mejor el tema del Zev ruso desde todos los ámbitos posibles: lingüísticos, mitológicos, folclóricos, místicos y filosóficos.
Por otra parte, hemos impartido una serie de conferencias donde analizamos desde el Camino de la Mano Izquierda el tema del Zev ruso y el Caos de una forma mucho más amplia y detallada.
Por Askr Svarte
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
Notas del Traductor:
- Morena, Marena, Mara o Marzanna es una figura femenina de la mitología eslava. La cultura popular la presenta como diosa de la muerte. Suele representarse como una anciana repugnante que personifica el invierno, oscuridad, esterilidad y la muerte. Se encuentra en oposición directa a su hermana Živa, diosa de la vida, que se conecta con el verano, fertilidad, cosecha y abundancia. Esta personificación resalta la dualidad invierno – verano que en los pensamientos de los remotos pueblos eslavos dio lugar al surgimiento de diversos ritos paganos. Varios de ellos se conservan hasta hoy en día, aunque en una forma modificada y simbólica. A causa de esta simplificación el concepto de Morana dejó de representar algunas de las connotaciones originales. Esta diosa eslava regia sobre la muerte, pero también la vida ya que poseía una sabiduría profunda y dominaba sobre las transformaciones de la naturaleza. Es representada por una muñeca simbólica que conecta el invierno y la muerte.

